Derecho a opinar


Derecho a opinar

“¿Por qué esos militares rebeldes volvieron contra el pueblo las mismas armas que el pueblo había puesto en sus manos para la defensa de la nación? ¿Por qué, no contentos con esto, abrieron las fronteras y los puertos de España a los anhelos imperialistas de las potencias extranjeras? Yo os contestaría: en primer lugar, por los treinta dineros de Judas, quiero decir por las míseras ventajas que obtendrían ellos, los pobres traidores de España, en el caso de una plena victoria de las armas de Italia y Alemania en nuestro suelo”.

Antonio Machado


Nos batíamos duramente
en cada frente
al lado de los camaradas internacionales
contra los nazis y los fascistas italianos.
Dos ejércitos extranjeros nos invadían,
armaron antes a los golpistas del 36
pero el golpe fracasó en 48 horas.
Resistíamos.
Resistir es vencer nos decíamos.
Un diluvio de agua inauguraba
el fracaso del pensamiento ilustrado burgués,
el fracaso de Kant y Hegel.
Surgía el fascismo,
surgía la lucha de clases.
En el Frente Popular fuimos todos juntos:
socialistas, republicanos, comunistas y anarquistas.
Era un sentimiento de clase obrera.
Durante la batalla de Guadalajara
en medio de aquel desierto nevado
barrimos a los italianos.
Era el Corpo Truppe Volontaire
con carros de asalto y autos blindados.
Ya sabemos por qué los italianos
son tan buenos fabricantes de coches.
Se dirigían a Madrid,
a la capital de nuestra República.
La División Soria era una pantomima.
La prensa internacional comparó nuestra victoria
con la Batalla de Bailén.
En medio de aquella nevada
llegó un ser extraño
con orejas puntiagudas,
me saludó con la palma de la mano
separando en amplia “V” los dedos cordial y anular.
Yo le saludé con el puño en alto.
El humanoide me dijo que había hecho
un viaje muy largo, más largo
que el de las Brigadas Internacionales.
Y me dijo:
Hay algo que mi lógica no llega a comprender,
¿por qué os batís hermanos contra hermanos
en esta monstruosidad fratricida?
Entonces le contesté ayudado por
la parresía del Presidente Azaña:
Ni a Felipe II se le ocurrió
traer a italianos a España
a matar a españoles en las orillas
del Tajo y del Ebro
a título de la fundación
de un nuevo Imperio Español.
Nosotros nos batimos los republicanos en defensa propia,
en defensa de la libertad de España
personificada en la República.
El Ejército del Pueblo de la República
vale más que todos los diplomáticos extranjeros,
los comités de Londres y la Sociedad de Naciones
que nos traicionan vilmente.
Los alemanes y los italianos
vienen a por nuestras minas,
nuestras materias primas,
nuestros puertos, el Estrecho de Gibraltar...
Los que se hacen llamar nacionales
son unos traidores a la Patria.
La Patria es republicana,
rojo ¡viva la Libertad!
amarillo ¡viva la República!
y morado ¡viva España!
El humanoide habló también con parresía:
Me temo que las estructuras de poder
harán olvidar todas tus sabias razones.
Me temo que el pueblo español vivirá
para siempre en la desmemoria
bajo el hechizo del cuarto poder
y la España oficial.
Que tengas suerte amigo.
¡Salud y República! como soléis decir aquí.
¡Salud y República!
Y el humanoide desapareció
en la noche oscura
entre la nieve y la ventisca
y se pudo ver una luz brillante
atravesando el cielo infinito.
No volví a ver más
a aquel hombre de las estrellas.

César Alfonso Viñas
Baladas de un país en desmemoria, Ed. Seleer



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